Brahmacharya o la moderación en yoga

Brahmacharya o la moderación en yoga

Significado y origen

Como ya hemos visto en otros artículos, los Yama desarrollados por Patanjali en sus Yoga-Sûtra (300-400 d.C.) aluden a cinco pautas de comportamiento que se deben respetar para vivir en armonía. Después de haber profundizado en los tres primeros: Ahimsa (huir de la violencia y proteger la vida), Satya (perseguir la verdad y la honestidad) y Asteya (no desear lo ajeno, fingir o falsear), vamos a acercarnos a Brahmacharya, un término que ha recibido diferentes interpretaciones, casi siempre complementarias, aunque no todas fáciles de comprender. A continuación, analizamos alguna de ellas.

T.K.V. Desikachar en su versión comentada de los Yoga-Sutra interpreta Brahmacharya como “moderación”. Evitar no solo el exceso sino también el defecto o la carencia, ambos -según Patanjali- igual de inconvenientes. Sería la capacidad o virtud que desarrolla el ser humano para contener los distintos deseos, incluido el sensual. La victoria de la voluntad sobre ellos y no al contrario. El sabio defiende la templanza y la estabilidad como medio para obtener y preservar la energía, la vitalidad, el valor y el conocimiento. 

Como sabemos, cada uno de los Yamas determina una actitud y están relacionados entre sí. No podemos entender Brahmacharya sin Ahimsa, Satya, Asteya o Aparigraha (poseer únicamente lo que se necesita, eludiendo la codicia). Todos se deben cultivar y con el tiempo se van asumiendo y refinando. Los cinco nos hacen mejores y favorecen nuestra relación con los demás. 

Desde un punto de vista etimológico, Brahmacharya es la unión de dos raíces sánscritas: Brahma -como se denomina a Dios en los Vedas o la Verdad Absoluta- y charya -compromiso, comportamiento, conducta, moverse con-. Se puede traducir entonces por “el que sigue el camino de Brahma”, “el que se mueve con él”, “el que busca la verdad”. 

Por otro lado, según la tradición hindú, los brahmanes (casta de sacerdotes-maestros) atraviesan cuatro etapas a lo largo de su vida:

  • Brahmachari: joven estudiante célibe que vive con su maestro y sus compañeros, estudiando las escrituras sagradas, en una vida de disciplina y meditación. 
  • Grihasta: padre de familia que hace vida de hogar, sin descuidar su vida espiritual.
  • Vanaprastha: en la madurez, al terminar sus obligaciones familiares, se aleja de su casa, convirtiéndose en ermitaño en busca de la verdad.
  • Sanniasi: anciano mendicante entregado a Dios cuyo objetivo es lograr la liberación espiritual. 

Debido a este primer periodo de aprendizaje es fácil relacionar Brahmacharya con la castidad, un asunto que siempre genera debate e interpretaciones erróneas. En cualquier caso, no conviene olvidar que el Brahmachari vivía en el seno de una comunidad monástica.

¿Cómo podemos incorporar Brahmacharya en nuestra práctica de yoga?

Respetando nuestro nivel de práctica y siendo conscientes de la energía que poseemos en cada momento. Evitando avanzar demasiado deprisa porque corremos el riesgo de lesionarnos, pero tampoco deteniéndonos siempre las mismas posturas porque entonces no progresaremos. Recordando la importancia de la moderación y procurando que no nos dominen ni la temeridad ni la pereza, ambas igual de perjudiciales.

También podemos aplicar Brahmacharya en la relación con nuestro profesor: él es quien nos guía y nos enseña. Y recordando siempre que, por muy avanzada que sea nuestra práctica, siempre seremos Brahmachari. Siempre eternos aprendices.

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